Poco menos que de suceso extraordinario se puede calificar el estreno de una película chilena por estas pantallas dominadas por el dólar. Será la semana santa, que tiene sus milagros,… o la escasez de público por las devotas vacaciones.
“La vida de los peces” tiene como virtud el demostrarnos que en dos horas de cine, no es necesario contar la trascendencia del universo en clave metafísica, para hacer un producto digno y más que interesante.
¿Cómo?. Sencillamente cuenta una historia íntima. De cómo en la vida, el presente está condicionado irremediablemente por las decisiones de ayer. El reencuentro con un amor abandonado hace ya demasiado. Una historia que podría ser la mía, o la de mi vecina. Que se desarrolla en cualquier sitio anónimo, allí donde vivimos todos, –menos media docena, que se repiten hasta la saciedad–, lo que la hace cercana y hasta reconocible… o demasiado reconocible.
Sí, el tema no es nada original y la solución tampoco, pero el resultado funciona –no todo van a ser epatantes vanguardias–. Quizás a los chilenos no les diga nada, pero poder ver cine de procedencia poco habitual, completa mis expectativas. El buen cine sencillo también existe.












