Hay algo inherente al ser humano, y es la capacidad de ignorar voluntariamente su inexorable futuro, ese que la cultura del hedonismo nos ha convencido que es problema de los demás, que la vejez, el deterioro, la muerte, es caso cotidiano, pero de otros. Nosotros, hoy, esta mañana, volvemos a ser inmortales.
Claro que llega el día que el jodido futuro se acerca a alguno de nuestros seres cercanos. Que sorpresa. Pero aún, por cercano que sea, el afectado principal sigue siendo “otro”.
Y ese otro, difícilmente podrá explicarse en un blog, puesto que nuestra organizada sociedad de la productividad, ya se habrá encargado de aislarlo. Porque, aunque lo suyo no sea contagioso, es molesto para nuestra vista, y nos puede recordar demasiado nuestro propio mañana.
Hablar claramente de este tema, a ciencia cierta será considerado como falta de positivismo, pesimismo, depresión y dios sabe cuantos adjetivos escapistas seremos capaces de inventar, para obviar lo que tenemos delante de los ojos.
No suele entrar en mis gustos favoritos, los filmes de animación (o sea, los dibujos animados de toda la vida), pero en el caso de “Arrugas“, la elección, entiendo que ha sido la más acertada, no creo que llevada a cabo por actores, hubiera logrado el mismo grado de expresión.
Con un sencillo “dibujo limpio“, la película deja todo el peso en manos del guión. Un magnífico guión realista y crítico, pero siempre esperanzador. La dura realidad, la tierna realidad y la utópica realidad, se dan armónicamente la mano aferrándose a la vida.
La vejez, las enfermedades, o mejor dicho, los viejos y los enfermos, están ahí, la juventud y su efímera “inmortalidad“, también. El abismo entre unos y otros lo abrimos nosotros.












