Pasó con más pena que gloria –si es que pasó–, y con críticas poco favorables. Así que me he dicho: “aunque David Cronenberg no es santo de mi devoción, por muy director de moda que sea, pues voy a verla”. Alma de masoquista.
“Cosmopolis“, parece que está basada en la novela de Don deLilllo (porque lo he leído), y que los que conocen la novela no parecen muy contentos con la adaptación. Pero eso pasa con todas, así que, ni caso. Sigo pensando que es un error conocer ambas fuentes, por aquello de las comparaciones.
Cronenberg –o deLillo– hablan, como no, de economía, de capitalismo, de globalización de mercados, un tema que ya empieza a hacerse pelín pesado en la ficción (y en la realidad trágico). Lo sitúan en un futuro inmediato, y como era de esperar catastrófico. Sí, como Ridley Scott anticipaba hace treinta años.
A pesar de lo recurrente, tanto del tema, como del estilo elegido, el director sabe salir airosamente por la tangente de la alegoría, huye de un realismo manido y trata de expresar su hecatombe de forma estrictamente emocional. Apenas referencias técnicas, o análisis realistas. Cargado de metáforas, se adentra en el alma frustrada y vacía del prototipo de triunfador en una sociedad sin valores, donde desde la ética, hasta incluso el dinero han perdido su significado, han desaparecido… o mejor habría que decir, están desapareciendo.
La puesta en escena, por una parte mínima, pero por otra sofisticada dentro su propia nimiedad, apoya acertadamente la soledad que trata de transmitir. Un futuro donde el presente no existirá.
Cinematográficamente sin embargo, el film no acaba (ni empieza) de ser atractivo, unos dialogos excesivos delatan su procedencia literaria; un abuso de un escenario acertado, pero reiterativo, por mucho que vaya de “road movie” introspectiva; un ritmo lento, quizás necesariamente, aunque repetitivo; unido a una trama de ficción sencilla, pero con una exposición enrevesada, hace que el espectador acabe posiblemente aburrido y posiblemente perdido, y si no se ha perdido, la previsibilidad de su desenlace, –anticipada ya desde las primeras escenas–, hace olvidarse de cualquier expectativa novedosa.
Una pena, que para uno que aborda el tema del caduco capitalismo desde una perspectiva diferente, no acabe de redondear el trabajo. Interesante, pero solo para masocas cinéfilos.








































