Pequeñas voces, grandes esperanzas

Hablamos de conflictos bélicos, –eufemismo de guerra–, y los encontramos dispersados en los más diversos lugares y sus formas más variadas. Y es que parece que las históricas guerras mundiales, ahora, no resultan muy prácticas, ensucian demasiado.

Así, que la necesidad de clientes para la industria armamentística internacional, se ha diversificado en conflictos más pequeños, repartidos por los países más vulnerables y menos molestos, pero a su vez, con recursos suficientes para poder cobrar(se) las facturas. Fructífera asociación de la explotación económica y la explotación militar. Que curioso.

Dentro del cine nunca han faltado, tanto las denuncias, como las propagandas más descaradas, disfrazadas de patrioterismo, en ese género mal llamado “cine bélico“, ya que encajaría mejor el de “propaganda de reclutamiento“.

En “Pequeñas voces” (on line) de Jairo Eduardo Carrillo, película de animación colombiana, que denuncia las atrocidades de la sinrazón, se ha recurrido al inteligente procedimiento de dar la voz del conflicto a los niños, y, además, utilizando parte de sus propios dibujos, montar un curioso documental sobre su visión de una situación, enquistada en su país desde hace ya demasiado tiempo.

Por una parte, es importante que la opinión venga de los propios implicados, y no sea una manipulada versión de la industria, –mejor una versión manipulada autóctona–. Por otra, el documentar la situación desde la visión infantil, corre el peligro de ser calificada como demagógica (al fin y al cabo, la idea y el montaje final pertenece a los adultos). En este caso, yo solo la calificaría como una versión ingeniosa y valiente.

Por supuesto, en el film no se entra a analizar la razón de ser de la guerrilla, ni la ingenua solución de los desplazados, que acabarán peor en la ciudad que en el campo. Tampoco entra en los oscuros intereses de los gobiernos, títeres de las multinacionales. Solo se trata de respetar la visión infantil, y todos esos matices, resultan demasiado abstractos, demasiado maquiavélicos para un niño, que, sin tener claro nunca de que lado vienen, ni mucho menos porqué, se enfrenta a la cruda realidad de sus consecuencias: torturas, mutilaciones, secuestros, desarraigos, muertes… miedo.

En este caso, el tratamiento –sin escapar de la duda–, parece comedido, al tratar el conflicto desde la opinión de los distintos afectados. Las víctimas del ejército regular, de la guerrilla, de los paramilitares o de los países extranjeros implicados, acaban siempre opinando del mismo lado. Sobran todos, sobra la violencia.

Se puede tachar de una visión simplista, yo diría que es una ¿cándida? visión optimista, dentro una realidad mundial que solo invita al pesimismo. Pero es una visión desde los niños, o sea, una visión hacia el futuro. Ojalá.

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