Un amour de jeunesse, volver a los 17

Resulta agradable ver como de vez en cuando, jóvenes realizadores recogen sin prejuicios el testigo de sus maestros, y tratan de hacer avanzar la historia partiendo desde sus viejos postulados.

Sería este el caso de la joven cineasta francesa Mia Hansen-Love, que con solo treinta años, va ya por su tercer largometraje, “Un amour de jeunesse” (Primer amor), que ahora se estrena por estos cines de dios o del demonio.

Con toda la delicadeza del mundo, la joven directora nos cuenta –de esa forma que parece que no cuenta nada–, la huella que deja el primer amor. Aquel sincero, inocente, cargado de ilusiones, que perdurará callado, en algún rincón de la memoria, durante el resto de nuestra vida. Seguro que vendrán más, pero tendrán que pasar ya por el tamiz de la razón.

Lola Créton y Sebastian Urzendowsky

Después de ver su película, poco hay que investigar para comprender que estamos ante una fiel seguidora de los principios más puros de la “nouvelle vague”. No sé –porque no sé nada de ella–, si existe o ha existido alguna vinculación con algún superviviente del mítico movimiento, pero su trabajo, formalmente, podía ser firmado por alguno de ellos.

Y no sé tampoco si esto es bueno o malo. Para los incondicionales del cine “del cada día”, nos resulta francamente atractivo, pero si nos ponemos exigentes, esto ya lo habían hecho sus abuelos. Como ejercicio de estilo, puede valer, pero dudo que aporte algo más allá.

… volver a los 17

No obstante el film destila una personal mirada femenina, que siempre es de agradecer entre tanto “trascendentalismo varonil”. De momento a Mia y a mi, no hay duda que nos encanta Eric Rohmer.

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2 comentarios en “Un amour de jeunesse, volver a los 17

  1. Muy pero muy de acuerdo!!, no he visto mucho del cine de Rohmer pero he leído que evidentemente bebe de sus aguas, para tener en cuenta entonces siendo tan joven, sus próximas realizaciones. No obstante lo que achaco un poco al film es su edición, por momentos me parecía dulcemente contemplativa y por otros un continuo pasar de escenas. A ver si cuando le hago la reseña me logro explicar mejor.

    • De acuerdo, ese “no pasar nada” era una seña muy de Rohmer, entiendo que es una forma de hacer cine que te tiene que gustar, si no se hace lenta. Esperemos a ver más, porque promete.
      Un abrazo

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