Kaurismäki, ese señor extraño

Ya por el solo hecho de ser finlandés y llamarse Kaurismäki –que dios sabe como se pronunciará en finés–, tiene suficientes méritos para ser considerado un tío raro. Pero si además se empeña en hacer un cine fuera de toda norma académica, impregnando a su trabajo de toda una aparentemente simple, intencionada y provocadora parafernalia decorativa, el calificativo se le queda corto.

De su extensa filmografía, pocas cosas han llegado por aquí, y siempre a través de los circuitos, que parten de esos benditos festivales de cine poco –o nada– comercial. Y de las cuatro cosas que personalmente conozco, se deduce siempre un estilo uniforme, oscilando entre la provocación formal y la ingenuidad conceptual, dicen, que salpicada de un sutil humor (será humor finlandés).

Una puesta en escena, llamémosle cariñosamente, particular, con una fotografía iluminada con el mínimo esfuerzo (y gusto), crea unos ambientes planos, entre el cómic y la telenovela. La dirección de actores los convierte más en autómatas ortopédicos, que en creíbles seres humanos. Una decoración de cartón y unos colores propios de un daltónico, completan el peculiar e inequívoco estilo del finlandés de nombre complicado. Para gustos.

Sus películas, coinciden en las clásicas temáticas y situaciones propias del cine social, parece que fruto de su militancia comunista (bastante light). Lo que unido a sus características formales, no deja de ser paradójico, pues cualquier intención reivindicativa queda diluida entre colorines y lucecitas extravagantes.

Los argumentos del desempleo, la marginación, el desencanto capitalista, la inmigración constituyen el lugar común de su filmografía, junto, claro está, con su singular opción estética.

En su última entrega “Le Havre“, la producción se traslada al puerto francés, para contarnos un dulzón cuento sobre la crueldad de la inmigración y las bondades de la clase trabajadora de los barrios humildes. A base de ingenuidad, la historia, o resulta demasiado cándida, o yo son un jodido escéptico.

Las comparaciones del director con clásicos como Dreyer, Bresson, Tatí, han sido variadas y curiosas (por no decir jocosas). A mí, a quien realmente me recuerda es al optimista “abuelitoFrank Capra, con sus finales no aptos para diabéticos.

Como punto positivo, destacar la fidelidad a su estilo, aún trabajando en coproducción con la vampirizadora industria francesa. Los casos de transformación –para bien o para mal– de directores tan personales como Kieslowski, Zulawski, Kiarostami, o el propio Buñuel, en su paso por el país galo, aquí no se da, su estilo permanece intacto –para bien o para mal–, de momento.

Yo me quedo con esa estética extraña y particular, incluso atractiva, (Almodovar, Waters), por nuestro gusto común por los containers, y poco más.

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4 comentarios en “Kaurismäki, ese señor extraño

  1. Creo que todo el mundo sabe que me gustó bastante más, aunque ojo, puede que estemos de acuerdo en algún punto. Tuve alguna dificultad para entrar de lleno en el clima que propone Kaurismäki (cierto, cómo se pronunciará!?), ¿se deberá a esa puesta en escena casi sacada de un cuento de hadas?
    De todas maneras, el humor (que es bastante similar al humor inglés, más que al humor francés) y el carisma de los personajes (y los intérpretes) hacen el resto. No es una gran película, pero todos hacen de ella algo mejor de lo que puede ser o parecer.

    Saludos.

    • El tener un estilo tan pronunciado y durante tanto tiempo hace que todo lo nuevo, al final te suene a ya visto. Las primeras que vi también me llamaron la a tención. Mi humor es “socarrón” jeje
      Gracias por el interesante coment

  2. Al leerte sé que no te ha gustado mucho que digamos, pero es verdad que Kaurismaki tiene un estilo bastante peculiar, diferente y atractivo hasta cierto punto, con el cual muchos no llegarán. Aqui en Le Havre logra un film fiel a su estilo, con un claro mensaje y una dirección acertada. Argumentalmente no tiene desperdicio. Igual ha hecho mejores trabajos. Un saludo.

    • No me ha disgustado Daniel, pero como decía, me suena a deja-vu, que dicen los franceses. El argumento naturalmente que me parece interesante, pero creo que peca de ingenuo. Claro que visto más como un deseo que como una realidad, puede ser otra lectura válida. Pero repito que la estética me cansa,
      Gracias por tu punto de vista, saludos

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