Katmandú, un espejo en el cielo, bastante empalagoso

La directora madrileña Icíar Bollaín, con su pareja Paul Laverty, –guionista habitual de Ken Loach, y oriundo de por aquellas tierras (Calcuta)–, parece que se marchó de vacaciones a Nepal, y le gustó tanto, que en vez de tomar las consabidas fotografías turísticas, consideró más interesante hacer una película entera. Si el invento resultaba, la excursión habría resultado rentable.

Ya desde su anterior película “También la lluvia“, donde –no sé si es casualidad– también metió la manita en el guión su partenaire , el estilo sencillo, barato y contundentemente eficaz, cambió hacia derroteros más ambiciosos. Aún, manteniendo entonces su agresivo estilo, consiguió una espléndida media película.

En “Katmandú, un espejo en el cielo“, la Bollaín se pierde en un proyecto que le viene grande, su actitud de “diva” que ha adoptado últimamente en el cine español, la ha llevado a abandonar aquellas producciones modestas donde se desenvolvía con total naturalidad.

Ahora, aquí, subida en el techo del mundo, parece empeñada en redimir a los miles de millones de habitantes del continente asiático, a base de ejemplarizantes y abnegadas cooperantes altruistas, armadas de papel, lápices y plastilina de colores (es de agradecer que sin crucifijo, en este caso).

Una historia que ya nos han contado en las leyendas del padre Ferrer o la madre de Calcuta, y que ahora nos repite con unos guapos protagonista (los anteriores eran viejos y feos), en unos paisajes que alternan las guías del “turismo de la miseria” y la de los espectaculares paisajes del Himalaya. Los dos muy de moda y destino perfecto para los acomodados occidentales asiduos de vuelos low cost.

Una historia que se puede ver frecuentemente en durísimos documentales (sin ánimo de lucro), o que incluso la gran industria cinematográfica exprimió sin pudor en “Slumdog millionaire“, y que aquí carece de toda credibilidad. Incluso para la propia autora, que ve la necesidad de justificar el cuento de hadas, con unos sonrojantes e innecesarios flash back, por si teníamos dudas del absurdo proceder de la protagonista.

No sé si es pecar de sabiondo, el involucrar a su pareja de convivencia y de guión, en el cambio sustancial de estilo y actitud de la directora y actriz, o que el haber llegado desde abajo a ser bien considerada en el cine español lo ha digerido mal, o que su posicionamiento en la guerra de las descargas de internet la ha traicionado, o yo que sé, pero ésta ya no es mi Icíar, que me la han cambiado.

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