Pedro Almodovar

UNA MOVIDA PARTICULAR

La nueva generación de jóvenes adolescentes, y no tan jóvenes ni tan adolescentes, que irrumpe a caballo entre las décadas setenta y ochenta, tras los inevitablemente súper politizados años de la transición democrática, lo hace con el ánimo de pasar página a tantos años de vindicaciones y reivindicaciones seudo- político- socio-…etc., que ellos mismos no han vivido; y lo hacen, tomando como filosofía, el redescubrimiento del pop de los sesenta, el naciente punk británico, y en menor medida, las nuevas posibilidades del sonido techno. Desprovistos intencionadamente de toda intelectualidad, superficiales, buscando lo divertido como fin en sí mismo, y exigiendo a su vez a la sociedad “de mayores” su reconocimiento como “nueva generación”, que rompía deliberadamente con los trascendentalistas esquemas de los setenta.

A todo éste fenómeno, que nació en Madrid y que acabó por salpicar al resto del país, se le bautizó como “Movida”. El éxito, hizo que la propia generación “de mayores” a la que repudiaban, acabara apuntándose al tirón artístico y cultural que representaba la “fiesta”. Junto con quinceañeros que apenas conocían tres acordes, convivían pintores, músicos, actores, fotógrafos,…, y toda una extraña, colorista e inútil fauna de vividores de la noche: treintones reciclados en adolescentes. Así resulta, que el principal, y quizás oportuno, impulsor del fenómeno juvenil, fuera el propio alcalde de Madrid, que ya hacía años que había cumplido la edad de jubilación.

La música y las artes plásticas se llevaron el mayor peso especifico del movimiento; en el campo del cine, solamente la figura de Pedro Almodovar logra situarse en la cima del éxito; éxito que se podía presumir efímero, como así resultó para la mayoría, pero que la inteligencia del director manchego superó, o intentó superar, con una visión a mas largo plazo.

Pedro Almodovar viene del cine amateur, del cutre cine amateur, sin medios, sin producción, y lo que es peor, sin posibilidad de difusión. Cortometrajes en “súper 8” condenados a ser vistos condescendientemente por los amigos antes de reposar eternamente en un cajón. Con éste bagaje y éste espíritu, y apoyado en toda la parafernalia de la “Movida”, sorprende a propios y extraños con “Pepi, Luci, Boom y otras chicas del montón” (1980), descarado y fresco reflejo del espíritu y la economía de su “rollo”. A partir de aquí la ascensión de Almodovar, venerado por unos y rechazado abiertamente por los más académicos, es meteórica.

Tras la primera y anárquica película, un modo de declaración de intenciones; en las siguientes “Laberinto de pasiones” (1982) y “Entre tinieblas” (1983), debe buscar otra excusa que su propia declaración, debe buscar una historia que sustente su personal y disparatado cine apoyado incondicionalmente desde la prensa “joven” (“Trailer para amantes de lo prohibido” cortometraje para el programa de televisión “La edad de oro”, mítico en la movida, de la periodista Paloma Chamorro).

A partir de aquí empieza el calvario artístico de Pedro Almodovar; por un lado debe conservar su estilo visual libre, estimulante, provocador y sobre todo, anti academicista; por otro lado debe encontrar un estilo “técnico” en el que apoyarse para conseguir una lectura inteligible y amena de unos guiones que no acaban (ni empiezan) de tener consistencia. Por suerte para él, la locura optimista del momento lo perdonaba todo.

Pero como toda borrachera, la euforia de los primeros ochenta, comienza a transformarse a mitad de la década, quizás por mor de la economía, en una postura mucho más acomodada y exquisita: la cutre “movida” estaba agonizando y Almodovar tenía que evolucionar si no quería desaparecer con ella.

Con “¿Que he hecho yo para merecer esto?” (1984), quizás su mejor film, aún conservando su sello personal, el giro, en cuanto a calidad del guión y realización es considerable. Al año siguiente, continúa con “Matador” (1986) su profundización en el “hacer cine”, eso si, parece que a costa de perder parte de su imagen irreverente, lo que repercute directamente en la taquilla, punto muy importante en la filosofía cinematográfica de Almodovar.

Para el siguiente film “La ley del deseo” (1987), monta ya su propia productora, y decide el estilo que regirá a partir de aquí en sus producciones, clónicas unas de otras, con mas o menos acierto artístico, pero siempre económico.

Películas entretenidas, con ya solo un punto de insolencia, cada ver más rebuscado, incluso fuera de lugar, nos llevarán a la comedia “Mujeres al borde de un ataque de nervios” (1988), más cerca de la “comedia madrileña” que de su propio estilo, y en “Atame” (1990) consigue quizás un mejor engranaje. Trabajos como “Tacones lejanos” (1991), “Kika” (1993) encabezarán una serie de mediocridades para incondicionales, que terminará el nefasto decenio del director manchego con “Todo sobre mi madre” (1999), en la que suaviza sus provocaciones absurdas y consigue su trabajo más correcto ante el nuevo milenio, de tal forma que, una vez asimiladas socialmente sus “llamativas peculiaridades”, incluso se verá reconocido con el tercer Oscar para el cine español, como mejor película extranjera.

Lo que parecía, y en su momento lo fue, una revolución valiente y genial en el necesitado mundo del cine español, ha acabado derivando en un tipo de comedias comerciales, si bien, con un indudable sello personal, el de llamar la atención a cualquier precio, cosa que se le hace cada vez más difícil con unos argumentos vacíos de contenido y en unas ambientaciones gemelas unas de otras.

Lo que parecía un director revolucionario, valiente y genial, y en su momento también lo fue, se ha quedado en un fabricante de “chicles” cinematográficos; y de eso, ya teníamos.

APUNTES BIOGRAFICOS

Pedro Almodovar nace en 1950 en Calzada de Calatrava, un pueblo de Ciudad Real, enclavado, con todas sus consecuencias, en la más dura y austera Mancha. Hijo de una muy humilde familia, su padre, uno de los últimos arrieros, su madre, una mujer enérgica que decide, cuando Pedro tiene 8 años, emigrar fuera de la miseria sin futuro del pueblo.

A ésa edad la familia se traslada a Cáceres, donde el joven estudia el bachillerato en un colegio de curas; el horror y la sordidez de los colegios religiosos, va a suponer para Almodovar, como para otros directores y literatos, una fuente inagotable de inspiración. Data de ésta época cuando el director confesará sus primeras relaciones homosexuales provocadas por, y con, los propios curas, y por lógica añadidura, con sus propios compañeros. Argumento éste que marcará claramente gran parte de su cine posterior.

En el año 1967, se traslada a Madrid: barrio obrero, hermana con varios hijos, cuñado empleado de Telefónica y última moda: ser “hippy.

Si la moda es ser hippy, Pedro es el más hippy, porque además, es una moda barata, que se puede permitir su economía y que incluso le proporcionará algún ingreso extra fabricando abalorios y chucherías.

Pronto se da cuenta de la dificultad de emprender estudios superiores en la capital, por lo que, probablemente guiado por su cuñado, ingresará en el año 69 como auxiliar administrativo en la Compañía Telefónica. Su aspecto anti convencional (de hippy) en una oficina, sus aficiones y tendencias artísticas, unidos al puesto de trabajo, el mas bajo de la empresa, harán que su carrera como empleado modelo no vislumbre ningún futuro.

El trabajo rutinario y simple, si bien profesionalmente se puede considerar frustrante, para Pedro le supone el disponer de tiempo y sobre todo de “mente” libre de ocupaciones laborales, por lo que puede empezar a frecuentar ambientes muy ajenos a su medio, grupos de teatro, de cine amateur, etc.

En éste peregrinar por el underground madrileño, en éste subsistir existencial, con treinta años ya, le sorprende la “Movida” de los 80. El famoso fenómeno cultural y social, le abre las puertas a un camino que le permite la realización y difusión de una obra, de un discurso, que pugnaba por eclosionar sin encontrar una salida digna.

A partir de aquí, el resto, es ya el presente más inmediato, presente que refleja, provocado o no, sus grandes obsesiones producto de su pasado: su afición a lo kitsch, lo barato, lo cutre y hortera, se puede relacionar con la miseria de sus orígenes; su extraño clericalismo o anticlericalismo, así como su militancia homosexual, se la relaciona con su educación con los curas; el culto a lo urbano, puede ser reflejo del deslumbramiento de la gran ciudad en un muchacho de pueblo; su trabajo como empleado, le hace pasar por una formación amateur de autodidacta, frente a otros directores de su época con formación académica convencional, y que en el plano técnico y artístico marcará unas carencias que tardará tiempo en superar, tanto a nivel de sus filmes propiamente dicho y como a nivel de su relación con el mundillo del cine.

En la actualidad, Pedro Almodovar ha alcanzado el estatus de director más internacional, constituyendo su propia productora y trabajando a película por año, todas ellas con un éxito económico envidiable. Quizás, en el fondo, fuera la meta principal de un humilde inmigrante manchego, venido a la capital huyendo de la miseria y revelándose a la particular cultura del mundo rural.

Otoño 2000

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