El proceso
DIRECTOR: Welles, Orson
PAIS: Francia
AÑO: 1962
DURACION: 120 min
INTERPRETES: Anthony Perkins, Jeane Moreau, Orson Welles
De vuelta de su corta estancia en los Estados Unidos –donde solamente rueda la magnífica “Sed de mal”–, Welles emprende una producción con nacionalidad italiana, basada en la obra homónima de Franz Kafka, “El proceso”.
Contando con un bajo presupuesto, se atrincherará en la vieja estación parisina de Orly, a la que exprimirá genialmente, para obtener los decorados opresivos y terroríficos, que ambientarán perfectamente las obsesiones del tándem Kafka-Welles.
El film, sigue el relato del escritor checo, en el que el anodino y gris Mr. K, es detenido e inculpado, no se sabe por que delito. El dilema será, que una vez enredado en la maquinaria de la justicia, poco importará la culpabilidad o inocencia, el delito o la virtud. El desdichado Mr. K, a pesar de su tenaz resistencia, será condenado, por el desconocido delito…, y por su tenaz resistencia.
Trabajo un tanto peculiar, formalmente hablando, con respecto al resto de su filmografía, y que quizás sea el que mejor recoja la repulsa –que se desprende a lo largo de toda su obra– al abuso de poder, y los monstruos que engendra. Un terror a la impotencia y a la indefensión, ante las “mafias” organizadas, y cínicamente legitimadas por los surrealistas sistemas judiciales, implantados por los regímenes vigentes en cada momento y en cada lugar.
El Rayo Verde
DIRECTOR: Rohmer, Eric
PAIS: Francia
AÑO: 1986
DURACION: 98 min
INTERPRETES: Marie Riviere
Después de su inusual y amplio reparto de personajes de “Paulina en la playa” o del sofisticado montaje de “Las noches de luna llena”, (naturalmente muy inferiores a cualquier producción al uso), Rohmer teme que su cine esté expirementando un giro, según él, hacia los estilos mas convencionales, pudiendo estar perdiendo las señas de identidad de sus orígenes, en aquella desaparecida “nouvelle vague”.
De esta forma, para el rodaje de “El rayo verde”, contará únicamente con un equipo de cuatro personas, Producción, fotografía (en 16 milímetros), sonido y la actriz Marie Riviere. El resto será figuración captada en los sitios del rodaje. Tal resultó la austeridad, que al final solo se gastó una pequeña parte del presupuesto.
La película, como el resto de la serie, se centrará en mostrar alguna de las características de la juventud del momento, en este caso en un solo personaje. A modo casi de documental, sin un guión establecido, Rohmer rueda un reflexivo estudio sobre la soledad.
Una joven parisina, Delphine, que bien podría ser la continuación de Anne en “La mujer del aviador” (quizás no por casualidad recurra a la misma actriz), se encuentra en vísperas de salir de vacaciones a Grecia con una amiga, después de haber roto recientemente con un supuesto novio.
A ultima hora, el viaje se cancelará y la joven acusará profundamente su estado de desamparo, al no estar preparada para desarrollar su vida en solitario.
El estado de ansiedad alcanza su punto culminante en una reunión con sus amigas (una colaboración de varias protagonistas de capítulos anteriores, que refuerza las señas de continuidad de la serie), que le forzaran a tomar la decisión de marchar.
Tras deambular por Cherburgo y por la montaña, sin encontrarse a gusto, de vuelta a la capital, le surgirá un viaje a Biarritz.
En un encuentro casual en la playa con una joven nórdica, Rohmer contrastará la cultura liberal y decidida de la joven sueca (en sensual top less), que no duda en ofrecerse y vivir la vida como le viene, y que resultará el contrapunto de la huidiza y esquiva Delphine (bañador tradicional), en busca de una dudosa estabilidad perdurable.
Tras este nuevo desencuentro, decide volver de nuevo frustrada a Paris. En la estación del ferrocarril, el azar le hará establecer relación con un joven sencillo y de su gusto, con el cual prolongará ilusionada sus vacaciones.
El “McGuffin” del rayo verde, (fenómeno metereológico fugaz y poco frecuente) nos dará la pista sobre la futura brevedad del feliz encuentro de la estación.
De nuevo el director, vuelve al tiempo vacío de las vacaciones, para evitar distracciones provocadas por las obligaciones rutinarias, y sin otra cosa en la que ocuparse, que encontrarse de frente con uno mismo, en este caso, (como en todo Rohmer), con la dificultad de comunicarse, de establecer relaciones con los demás, desde la educación ¿católica?, en la que prima lo espiritual sobre lo carnal, y que nos hará sufrir muy a menudo y muy intensamente el sentido de la soledad.
Aquí, la positiva reflexión sobre la deseada estabilidad de la pareja que realiza en “Las noches de luna llena” parece que sí se “llena”, pero de dudas.
El relojero de San Paul
DIRECTOR: Tavernier, Bertrand
PAIS: Francia
AÑO: 1974
DURACION: 100 min
INTERPRETES: Phillippe Noiret, Jean Rochefort
Continuando el camino implantado en el cine francés por los veteranos de la “nouvelle vague”, el excrítico Bertrand Tavernier, se estrena con “El relojero de Saint Paul”, obteniendo un excelente recibimiento de crítica y público.
El film nos sitúa en la vida cotidiana de un relojero cincuentón en la ciudad de Lyón. Abandonado por su mujer, ha consagrado su vida a educar a su único hijo, ahora en los difíciles años juveniles.
Actualmente, ya viudo, lleva una vida social apacible junto con sus amigos y, en apariencia, con una buena convivencia con su heredero.
Pero un desafortunado hecho, un asesinato por parte del joven, revelará la realidad de una total incomunicación entre ambos, tratada de ignorar a toda costa. La ruptura de la tranquila, aunque engañosa, vida del relojero, le hará alinearse con la postura de su hijo, hasta sus últimas consecuencias.
La extraordinaria interpretación de Philipe Noiret, da vida a la soledad y la frustración, personificada en la incomunicación padre-hijo, y en el reencuentro incondicional para el que han tenido que llegar a las más terribles circunstancias.
El film nos comunica algo más que las diferencias generacionales clásicas; algo más que unas legítimas reivindicaciones sociales o políticas; es el dolor de perder algo, alguien, al que se ha consagrado una precaria y destrozada existencia.
El Rey Pasmao
DIRECTOR: Uribe, Imanol
PAIS: España
AÑO: 1991
DURACION: 100 min
INTERPRETES: Gabino Diego, Juan Diego, Javier Gurruchaga
El director guipuzcoano Imanol Uribe, adapta para el cine la novela de Torrente Ballester “El rey pasmado”, siguiendo de una manera aceptablemente fiel el texto original.
La película, como la novela, se sitúa en el reinado de Felipe IV, en el XVII, pleno siglo de oro español.
Pero el argumento nada tiene que ver con dicho apogeo artístico, ni siquiera con problemáticas referentes a la política del monarca. De una forma divertida, y a partir de una anécdota del rey, se va mostrando la vida, las costumbres y sobretodo, las creencias y supersticiones religiosas de aquella época.
Las férreas costumbres dictadas y vigiladas por la iglesia y la inquisición, consideraban las relaciones carnales placenteras como pecado, aun dentro del matrimonio, siendo admitidas únicamente como medio de reproducción. Naturalmente, la población hacia caso omiso a estas monsergas, frecuentando prostíbulos, amantes, concubinas y demás formas de promiscuidad.
Pero el rey estaba severamente vigilado, y para él venía a resultar imposible lo que a cualquier plebeyo le era cotidiano. Un Felipe IV de escasos veinte años, descubre por fin el placer sexual –¡el rey se ha ido de putas!–, a partir de entonces, la peripecia consistirá pues, en sortear, clérigos, confesores y demás guardianes de la moral para encontrarse de una forma apasionada, simplemente, con su esposa, la reina.
Una excelente ambientación de época y unos actores en su papel, configuran un film divertido y ameno, que no deja de ridiculizar la vieja moral cristiana, arrastrada todavía hasta algunos reductos de hoy en día.
El Rey Pescador
DIRECTOR: Gillian, Terry
PAIS: USA
AÑO: 1991
DURACION: 137 min
INTERPRETES: Robin Willians, Jeff Bridges, Amanda Plummer, Mercedes Ruehl
Tras abandonar la formación de los “Monty Pyton”, Terry Gillian, afincándose en los Estados Unidos, inicia una carrera en solitario, en la que destacará su personal y compleja visión del cine.
En “El rey pescador”, tras una apariencia extraña y surrealista, basada en una leyenda medieval, aborda un tema básicamente humano: el camino desde la soledad al amor.
El hilo conductor de la historia, será la ególatra figura de moda de la radio Jack Lucas (Jeff Bridges), el cual, asentado en la cúpula del “yuppismo”, hará gala, a través de sus programas, de un evidente desprecio a la humanidad.
Un error de cálculo en sus continúas provocaciones radiofónicas, inducirá a un oyente fanático y depresivo a realizar un asesinato en masa en un bar de moda. Este hecho hundirá a Lucas en los infiernos del alcohol y la depresión.
Esta bajada al punto límite, le hará encontrarse con todo un submundo de personajes solitarios y marginales, entre los cuales aparecerá Parry (Robin Willians), cuya joven esposa resultó ser una de las victimas del desequilibrado seguidor radiofónico. A partir de aquello Parry enloqueció y se refugió en el mundo abstracto y marginal de la mendicidad, el desarraigo y el fracaso.
Por otra parte, Lucas vive ahora su depresión y sus manías con su actual novia Anne, humilde dueña de un pequeño negocio de video club, y que esta sinceramente enamorada de él, Por supuesto, amor poco correspondido, por el encerramiento de Lucas en sus propias obsesiones.
La cuarta figura protagonista de la soledad es Lydia (Amanda Plummer), una solterona poco agraciada, acomplejada y encerrada en su rutinario trabajo y sus pequeñas manías, y de la cual esta platónicamente enamorado en secreto Parry.
Terry Gillian, nos muestra este pequeño catálogo de solitarios personajes principales –entre otros muchos–, y trata de encontrar la respuesta a través de la mística búsqueda de un cierto “Santo Grial”, que no será otra cosa que el amor proyectado fuera de sí mismo.
Parry se deshará de sus obsesiones al comunicarse con Lydia, y esta, a su vez al relacionarse con Parry.
La figura central Jack Lucas, acabará redimiéndose, al entregarse en la ayuda desinteresada de su amigo Parry, lo que le hará comprender su amor por Anne, quien, por fin, será recompensada de todos sus abnegados sacrificios. Por cierto, en una magistral interpretación de Mercedes Ruehl, con Oscar incluido.
El sargento negro
DIRECTOR: Ford, John
PAIS: USA
AÑO: 1960
DURACION: 107 min
INTERPRETES: Jeffrey Hunter, Woody Strode, C. Towers, B. Burk
No cabe duda, que con el paso del tiempo, la obra de Ford, se va haciendo, sino más comprometida, si más evidente. Quizás por el escepticismo propio de la edad, quizás por las nuevas tendencias culturales, más directas y reivindicativas.
Así, “El sargento negro”, es una abierta denuncia al racismo. Aunque el argumento, esté ubicado solo veinte años después de la abolición de la esclavitud, como es habitual en el cine de Ford, la denuncia se extiende a un siglo más tarde, cuando se estrena el film.
Recurriendo espléndidamente a un continuo flash-back, Ford nos traslada, a modo de ensueño ideal, a la lírica de su mitificada caballería, como ejemplo de convivencia. Sueño contrastado permanentemente con la cruda realidad de un jurado –perplejo ante la inicial declaración de inocencia–, dispuesto a condenar a un hombre, que tiene el agravante de ser negro.
Aunque la película conserva el delicado tacto de Ford frente al espectador, intentando no exponer sus planteamientos crudamente. Y aunque su final tenga que ser obligatoriamente feliz, en semejante cuento de hadas (en forma de teniente), el director, procura separar perfectamente la realidad de la ficción.
De este modo, la milagrosa aparición del humanitario, justiciero y guapo oficial que asume la defensa, pone en duda, que el desenlace de la mayoría de los procesos (sin el teniente Cantrell), no resulten muy diferentes al de este sargento de color.
El sentido de la vida
DIRECTOR: Monty Pyton
PAIS: Gran Bretaña
AÑO: 1982
DURACION: 105 min
INTERPRETES: G. Chapman, J. Cleese, T. Gillian, E. Idle, T Jones,
La última película del grupo Monty Pyton como tal, fue “El sentido de la vida”. Después de una década en la que dejaron media docena de trabajos en el cine e innumerables programas de televisión, cada uno de sus miembros seguiría su carrera en solitario, con mayor o menor fortuna.
El film que cierra este periplo, como no podía ser de otra forma, es una comedia absurda, que parodia a todo razonamiento que se mueva en la faz del planeta.
Estructurada en forma de capítulos, abarcan desde el nacimiento hasta la muerte del ser humano. Por supuesto en ningún momento los Monty Pyton tratan de analizar ningún sentido de ninguna vida, ya que dejan por evidente su inexistencia.
Pero de paso que repasan lo absurdo de las teorías filosóficas, estos mordaces existencialistas del humor, aprovechan para ironizar, como de costumbre, con la manipulación de las masas sociales, con el pretexto de dichas teorías.
Desde la religión, el sexo, la educación, las guerras hasta la muerte, pasan por la trituradora de una cínica comedia musical, que como no, acaba ridiculizando el propio medio cinematográfico.
Sin llegar al acierto de su mayo éxito “La vida de Brian”, su último trabajo en común, recopila fielmente los postulados de la irredenta anarquía del magistral grupo británico.
El septimo sello
DIRECTOR: Bergman, Ingmar
PAIS: Escandinavia
AÑO: 1956
DURACION: 90 min
INTERPRETES: Max von Sydon, Bibi Anderson
El primer film internacionalmente reconocido de Ingmar Bergman “El séptimo sello”, no podía ser más que una referencia de su traumática educación infantil, en el seno de una familia donde su padre, pastor luterano, le inculcó el mundo metafísico de la religión.
Con un estilo y una temática recurrente en el mundo escandinavo y cercana a su mayor exponente Carl Theodor Dreyer, el director sueco refleja la duda eterna sobre la existencia de dios, el sentido de la vida o la inevitable muerte. A través de los distintos personajes irá desarrollando cada una de las posturas místicas del hombre.
Así pues, la película ambientada en la suecia medieval, narra el retorno de un caballero con su escudero, que hace años partieron a las cruzadas. A su regreso encuentran el país diezmado por la peste negra.
Tras su aventura en las cruzadas y la desolación presente, el caballero se enfrentará con el fantasma de la muerte, tratando de hallar a través de ella una explicación sobre la existencia de un dios y de otra vida, siempre apoyado en un razonamiento intelectual.
Su escudero, por el contrario, escéptico frente a la vida eterna, se aferrará a la existencia terrenal como única verdad irrefutable. Como tercera alternativa, el pueblo aterrorizado frente a la epidemia, optará por refugiarse en las supersticiones más absurdas en nombre de la religión. Todos ellos, frente a la inminente e inevitable figura de la muerte, vivirán cargados de miedos, dudas, infelicidad.
Mientras un cuarto grupo de personajes, compuesto por una joven pareja de cómicos y su pequeño hijo, optarán por vivir la vida tal y como la han encontrado, disfrutando de las pequeñas cosas que la naturaleza les ofrece. Al fin, serán los únicos que conseguirán, al menos, una temporal felicidad en el inexorable camino común.
Divagaciones pues sobre el pensamiento humano hacia el más allá, que ni corto ni perezoso, después de una intrigante exposición, Bergman parece no encontrar la solución, recurriendo el dogmático luteranismo de la fe y la predestinación, a través de la figura de los titiriteros y el mundo lúdico de la representación.

