La buena boda

la-buena-boda.jpgDIRECTOR: Rohmer, Eric
PAIS: Francia
AÑO: 1981
DURACION: 97 min
INTERPRETES: Beatrice Roman, Adre Dussolier, Feodor Atteire

Segunda entrega de Eric Rohmer de sus “Comedias y Proverbios”. “La buena boda”, como será la constante en el cineasta galo, no se apartará ni un momento de sus planteamientos, tanto éticos como estéticos, de lo que ha sido su filmografía.

La historia, en principio, superficial y anecdótica, de una joven, que tras un desengaño amoroso, buscará impulsivamente un sustituto, para volver a caer de nuevo en el desencanto,… y volver a empezar.

Sabine, una joven estudiante de historia del arte, rompe impetuosamente con su amante, un seductor artista pintor, al darse cuenta de los problemas que resultan de que éste sea un hombre casado.

Desde este instante la joven decide ingenuamente casarse felizmente, como solución definitiva a sus conflictos internos (obviando irreflexivamente el fracaso matrimonial de su reciente pareja).

Pero surge un primer problema: encontrar con quien. A través de su amiga, –y referente personal: casada, con trabajo propio creativo y un mayor estatus social–, conocerá a un atractivo abogado, Edmond, que responde perfectamente a sus exigencias.

Otro problema se añadirá decisivamente a esta impulsiva búsqueda, Edmond no corresponderá al interés de Sabine, con lo que otra vez volverá a su estado de decepción. Aunque no será impedimento, para que el ímpetu de la joven no tarde en reanudar su proyecto.

Rohmer, como siempre, bajo una historia cotidiana, tratada de un modo absolutamente objetivo, escudriña la personalidad y las reacciones de sus protagonistas, tan cercanos y tan auténticos, que pertenecen más al mundo real, que al cinematográfico.

Aquí la acción se centra casi exclusivamente en Sabine y su mentalidad soñadora. Con una personalidad adolescente, no tendrá ningún problema en cambiar de una opinión a otra, aunque siempre subyaciendo en sus intereses “la buena boda”. Una postura profundamente conservadora, frente a la apariencia moderna y liberal de la muchacha. Actitud que, en realidad, le produce inseguridad, desequilibrio y una total desubicación, representada en sus dos domicilios (el de estudiante en Paris, y el materno en Mans), en los que no se encuentra a gusto en ninguno. O la inestabilidad en su trabajo, envidiando al de su amiga, (aunque lo que realmente envidie sea su aparente estabilidad emocional, al estar felizmente casada).

Todo esto desembocará en un deambular alocado de un hombre a otro, desde el atractivo amante artista, al abogado burgués, o a la insinuante figura del estudiante del tren en el primer y en el último plano del film.

El film, como toda la obra de Rohmer, contrapone en el amor, la postura tradicional de la pareja, frente a las tendencias más liberales. Y aunque el desarrollo de las historias apunten aparentemente hacia un desenlace convencional, la mirada imparcial del autor, con una puesta en escena absolutamente neutral, confiará su interpretación al propio espectador. El final abierto, invariablemente ambiguo, muestra un desenlace siempre circunstancial y momentáneo, el director parece (solo parece) no opinar, solo mostrar, tanto el presente reproducido en el film, como el futuro, dejado a la intuición del espectador.

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