La reina de Africa
DIRECTOR: Huston, John
PAIS: USA
AÑO: 1951
DURACION: 100 min
INTERPRETES: Humphrey Bogatd, Katharine Hepburn
En esta primera etapa americana, Huston, con “La reina de África”, parece abandonar el cine negro, que había sido su constante hasta el momento. Y lo hace para introducirse en la comedia. Un cambio, que parecía inevitable, visto el sentido del humor con el que salpicaba todas sus obras. Aunque fuera un humor bastante negro.
Se dice, que el rodaje del film en el propio continente africano, no fue más que una excusa, para montar una cacería con sus amigos y con sus consiguientes excesos. Conocida la forma de entender la vida de Huston, quizás esta teoría no esté falta de razón.
El film en sí, localizado al comienzo de la primera guerra mundial, se basa en un argumento absurdo: bajar en una vieja barcaza el río –considerado innavegable– que lleva al lago Victoria, y una vez allí, destruir el barco alemán que custodia la región. Una trama que nos deslizará río abajo, durante dos horas de sarcasmo continuo.
Un aventurero de la selva, se verá huyendo de los alemanes, llevando consigo a una mujer, hermana de un predicador, refinada, mojigata, marimandona, y virgen. Y que además será quien imponga la extravagante idea que guía la película.
En el desdichado viaje, el aventurero acabará dominado, es más, enamorado por semejante ejemplar. A su vez la distinguida doncella cuarentona, cambiará su actitud a lo largo del viaje…, y a lo largo de su iniciática experiencia masculina.
El final, forzado por las pretensiones comerciales, responde positivamente al ilógico planteamiento inicial. Parece pues, que por una vez, Huston dejará a un lado el desenlace con fracaso.
Pero, quizás solo lo parezca, porque, ¿qué hacen nuestros héroes ahogándose –eso sí, juntos– en medio del lago? ; ¿cuál ha sido el éxito de tan absurda y arriesgada misión, justo, en el culo del mundo?.
Solo puede hablarse de un éxito con cierto optimismo, el despertar a la vida y al amor de dos seres marginados: un solitario alcohólico, y una puritana meacredos. Aunque, ahora, estén a punto de perecer ahogados en medio de la selva, solos, pero juntos. La experiencia ha sido intensa, nos hemos divertido, no obstante, les ha durado poco, pero seguro que ha merecido la pena.
La rodilla de Clara
DIRECTOR: Rohmer, Eric
PAIS: Francia
AÑO: 1970
DURACION: 95 min
INTERPRETES: J. Claude Brialy, Aurora Cornu, Beatrice Roman
Quinta película en la que Rohmer continúa completando su ciclo de “Cuentos morales”. Ciclo que gira siempre en torno a los principios éticos y sociales del protagonista, que se enfrentan de improviso y por azar, ante situaciones generadas por sus sentimientos materiales y contrapuestos a sus ideas intelectuales.
En “La rodilla de Clara”, Jerome (el “donjuan” Romehriano en esta ocasión), se desplazará a Talloires, una villa de vacaciones, junto a un lago suizo, para vender su casa de verano, ya que se dispone a contraer matrimonio en la lejana Suecia.
Casualmente, se encontrará con Aurora, una vieja amiga escritora, a través de la cual, Rohmer, utilizando el personaje como alter-ego, explorará la vida y las reacciones de Jerome.
Aurora vive alquilada en una habitación de la casa de una mujer viuda con dos hijas, Laura de diez y seis años y Clara algo mayor. Jerome, incitado por Aurora/Rohmer, conocerá primero a la pequeña Laura, una niña que se enamorará espontáneamente del maduro treintañero, y que éste, alagado (y excitado), le seguirá el juego, aunque evidentemente reprimido por la excesiva juventud de la chica.
Al conocer más tarde a Clara, la situación cambiará por completo, Jerome se verá atraído sexualmente por la delicada joven, veinte años menor que él. Aunque ésta, totalmente entregada a su novio, un muchacho de su misma edad, no prestará ninguna atención al adulto forastero.
Nuestro protagonista, pues, se moverá entre la vanidad de su pírrica conquista con la adolescente Laura, y la frustración de su verdadero deseo, Clara.
No obstante, la embriaguez de sus apetitos más primarios, frente a las hermanas “lolitas”, estará siempre presidida por la fotografía de su novia formal, ausente en cuerpo, pero nunca en espíritu.
Con la exquisitez que caracteriza al director francés, en esta ventura vacacional vuelve a enfrentar a su personaje ante el dilema, entre la atracción sensual, y la seguridad de la moral tradicional.
Lo que en otros cuentos morales se divide entre la pareja oficial y la aventura sexual, aquí, esta última se desarrolla con dos matices añadidos, el más atrevido puede ser la edad de las muchachas objeto del deseo, deseo natural y obvio ante la belleza y la juventud de las hermanas, pero fuertemente rechazado por las normas sociales. Por otro el desdoblamiento de la actitud de la mujer apetecida, en este caso en dos personajes: la aceptación de Laura, quién aparentemente no es la elegida, y el rechazo de Clara por la que sí se siente fuertemente atraído.
La imposibilidad de sus reprimidos sentimientos, ante la evolución de las actitudes de las jóvenes, acabará devolviendo a nuestro “conquistador” al convencional refugio del matrimonio. Y los devaneos juveniles quedarán para la juventud.
La rosa purpura de El Cairo
DIRECTOR: Allen, Woody
PAIS: USA
AÑO: 1985
DURACION: 75 min
INTERPRETES: Mia Farrow, Jeff Daniels
Sorprendente de nuevo la genialidad que derrocha en esta película el prolífico Woody Allen; apartándose de su personaje neurótico de “la gran manzana”, pero sin abandonar su peculiar estilo de comedia crítica y corrosiva, y tratando siempre de colaborar para sepultar toda propaganda engañosa que llevaba (o lleva) consigo la triunfalista campaña del “American way of life”.
Sitúa la historia de este filme durante la depresión económica en los U.S.A. de los años treinta, bajando, en este caso, al suelo de un pequeño pueblo industrial fuertemente castigado por el paro, y haciendo una breve pero cruda introducción a lo que fue la realidad de la tal depresión para las anónimas clases trabajadoras. Realidad miserable que los poderes políticos trataron de ocultar o, al menos disimular, a través de cualquier método posible de manipulación en la información.
Uno de estos métodos de “anestesia” interior y “maquillaje” internacional, fue el cine, que desde su cuartel general en Hollywood, distribuía a todo el planeta las falsas e idiotizantes historias que contribuían a ignorar la desafortunada realidad.
Con una ingeniosidad propia de este director, enfrenta en clave de falsa comedia fantástica, al timo que repartía Hollywood, con su efecto alienador en los ciudadanos y con la verdadera realidad de miseria, abandono y soledad que padecían los habitantes de la América de este lado de la pantalla.
La semilla del diablo
DIRECTOR: Polansky, Roman
PAIS: USA
AÑO: 1968
DURACION: 135 min
INTERPRETES: Mia Farrow, John Cassavetes, Ruth Gordon, S. Bla
Segunda película americana de Roman Polanski y quizás el mayor éxito de su filmografía, con una evolución considerable en sus formas, pero conservando sus gustos por los personajes límite en situaciones angustiosas.
En “La semilla del diablo”, basada en la novela “Rosemary’s baby”, sin abandonar sus preferencias esquizofrénicas, es pionero de un tipo de cine de terror, en el que el miedo no viene de los antiguos monstruos y personajes de leyenda –los cuales quedaron suficientemente descartados en su sarcástico “El baile de los vampiros”–, ahora el pánico proviene de nuestros propios tabúes, de la realidad cotidiana, … del vecino de al lado.
El argumento, desarrollado en el tristemente famoso edificio Dakota de Nueva York, nos cuenta como una joven pareja se traslada a uno de estos apartamentos, donde conocen a un simpático pero extraño matrimonio de ancianos, con los que entablarán una fluida relación.
A partir de aquí, y coincidiendo con el embarazo de la joven, comienzan una serie de acontecimientos en los que la buena suerte para los protagonistas, contrastará con las desgracias de sus antiguas amistades.
Paralelamente a la gestación de la protagonista, se irá revelando al espectador el complot de su marido, con la secta satánica a la que pertenecen sus vecinos, para engendrar en el cuerpo de su mujer al hijo de Satanás, a cambio de entrar en su poderoso círculo.
Con unos recursos que nos recuerdan al maestro Hitchcock, mientras el espectador se va enterando puntualmente de todo el entramado, la joven embarazada se dejará llevar al abismo del terror totalmente ignorante, y descubriendo por sí misma, poco a poco, la horrible realidad.
El filme, además de considerarse ya como un clásico del cine de terror, aprovecha para plasmar lo cierto de la existencia de exotéricos grupos de poder, desde la propia iglesia, hasta las más extravagantes sectas. Grupos que, –aparte de las concesiones de la película a la fantasía–, han movido desde siempre los más importantes hilos del entramado económico y político del mundo.
Como última ¿curiosidad?, mencionar que unos meses después de filmar esta película, moría asesinada la esposa de Polanski, la actriz Sharon Tate, en extrañas circunstancias, en su propia casa, y a manos precisamente de un clan satánico.
La sirena del Missisippi
DIRECTOR: Truffaut, Francois 
PAIS: Francia
AÑO: 1969
DURACION: 105 min
INTERPRETES: Jean Paul Belmondo, Catherine Deneuve, Michel Bouquet
Aunque la dedicatoria inicial que Francois Truffaut hace del film, es a su admirado Jean Renoir, quizás el verdadero reconocimiento sea hacia su no menos respetado Alfred Hitchcock.
Basada en la novela de Bernell Woorich, “La sirena del Missisippi” podríamos encuadrarla, dentro de la obra del director francés, como perteneciente a las adaptaciones literarias, con las que trata de exponer su obstinada preocupación por las relaciones amorosas más tortuosas y complejas.
En forma de thriller, la sinopsis, quedaría resumida como la historia de un acaudalado terrateniente, Louis, en la colonia francesa de la africana isla Reunión, que se dispone a contraer matrimonio con una muchacha de la metrópoli, con la que contactó mediante un anuncio de relaciones, y que solo conoce por carta.
Una delincuente profesional, Julie, usurpará la personalidad de la novia en el viaje hacia la isla, con la intención de estafar al rico pretendiente. Perpetrado el delito, Julie desaparecerá. La búsqueda, el reencuentro, la persecución policial, o la enigmática personalidad de ella, despertarán en Louis un amor obsesivo, una dependencia afectiva, que la frialdad de Julie aprovechará para conseguir sus más prosaicos fines.
El formato policiaco, pasará pues a un segundo plano, para centrar el verdadero fondo de la película en la degradación personal fruto del “amour fou” que conducirá a la autodestrucción. Una destrucción conocida y consentida, y que constituye un guiño a “Encadenados” o al frustrado final de “Sospecha” del maestro Hitchcock. Pero la tolerada, incluso deseada, vampirización de Louis, acabará redimiendo a la muchacha, que consciente de un amor que nunca conoció, terminará junto con su, ahora ya compañero, encaminados a un final inevitable.
Al margen, pues, de su formato policiaco, Truffaut insiste una vez más en su análisis del turbulento y complejo mundo de las relaciones apasionadas, aquí, la frase de Jean Paul Belmondo “No soy feliz con ella, peso no puedo vivir sin ella”, podría sintetizar el espíritu de la cinta.
Tampoco deja de hacer mención a su otra línea de trabajo, sobre la influencia de la educación infantil, al denunciar el origen de la precaria moral de Julie en sus orígenes como niña abandonada en un orfanato, y su redención en su escena final, aceptando el fatal destino, al descubrir y sentir por primera vez el amor sincero de alguien hacia ella.
La Soga
DIRECTOR: Hitchcock, Alfred
PAIS: USA
AÑO: 1948
DURACION: 77 min
INTERPRETES: James Stewart, John Dall, Farley Granger, Joan Cha
En 1948, Hitchcock, termina su contrato con el productor habitual de su época americana. A partir de aquí, decide convertirse en su propio empresario, que financie y recoja los frutos de sus obras.
Semejante aventura, solamente alcanzará a dos películas, pues, tras el fracaso económico de estas, la Atlantic Pictures, deberá cerrar sus puertas discretamente, y su director estrella, volver a la poderosa y consolidada Warner, eso sí, ya con un gran margen de libertad e independencia.
La primera película que produce en su corta aventura como productor-director es “La soga”, basada en una obra de teatro de cierto éxito, pero, sobretodo, utilizada porque Hitchcock necesitaba una historia que se desarrollara en un solo escenario. La razón de esto, se explica en el reto técnico que se había planteado, y que consistía en hacer una película de hora y media en un solo plano, es decir, prescindiendo totalmente del montaje.
A este reto se añadiría, que el desarrollo de la acción, debía ser en tiempo real, esto es, desde las siete y media de la tarde, hasta las nueve de la noche. Por lo que, la cámara debería recoger todo el transcurso de un atardecer sobre Nueva York, visto desde un ático acristalado.
Si a esto añadimos que “La soga”, es el primer filme en el que el director británico utilizará el color, comprenderemos como la mayor parte del acostumbrado ingenio del autor, se diluye en preocupaciones puramente técnicas por un lado, y económicas, por otro.
La trama del filme, sigue fielmente la obra teatral. Presenta a dos amigos homosexuales, que, malinterpretando las irónicas teorías de su antiguo profesor de filosofía, sobre la superioridad de unas personas sobre otras, y el derecho de aquellas a eliminar a estos últimos, deciden cometer un asesinato y jugar a la intriga de ser o no descubiertos.
Como apuntábamos anteriormente, el clásico suspense que este relato podía haber dado de sí, en manos de un habitual Hitchcock, queda en un segundo plano, tras, eso sí, de un interesante ejercicio técnico de puesta en escena, movimientos de cámara, y una cuidadosa iluminación, que da perfecta cuenta del paso del tiempo.
El verdadero tema principal de la historia, también resulta sacrificado a los alardes experimentales.
Nos habla de la esterilidad del saber teórico que encierran los libros, si no son verdaderamente contrastados con la experiencia. De esta forma, la filosofía puramente especulativa del antiguo profesor, puesta en practica, al pie de la letra, por sus perturbados alumnos, conducen a resultados atrozmente criminales.
Además, en aquellos años de complaciente posguerra, las convenciones que regían para todo filme que pretendiera ser plenamente aceptado, exigía una rígida e inequívoca conclusión moral. Por eso, al final de la historia, el profesor, recita un monótono y forzado monólogo, en el que se arrepiente de sus enseñanzas y condena a los dos “desviados” jóvenes. Una simplona y poco convincente moraleja, con la que el filosofo y el propio Hitchcock, tratan de disculparse con demasiada facilidad.
La soledad del corredor de fondo
DIRECTOR: Richardson, Tony
PAIS: Gran Bretaña
AÑO: 1962
DURACION: 99 min
INTERPRETES: Tom Courtenay, Michael Redgrave, James Bolam
Quizás la última película de Tony Richardson que se pueda encuadrar en el brillante y minoritario “free cinema” inglés sea “La soledad el corredor de fondo”. Película que, paradójicamente, a la vez de confirmar a su director como uno de los autores más importantes del cine social europeo, marque la inflexión con un cine que a partir de aquí girará su rumbo hacia mercados más lucrativos, deslumbrado por el éxito de su siguiente trabajo “Tom Jones” premiado en los Oscars y que le abrirá las puertas del cine americano.
Por esto, el film que nos ocupa lo podremos considerar el final de una etapa de Tony Richardson culturalmente importante, y que contribuyó activamente al renacimiento de la cultura humanista en la Europa de los sesenta.
Como en sus anteriores films, Richarson retrata a la Gran Bretaña que hay detrás de la pompa y boato del gran imperio, el director sitúa su cámara en los barrios obreros, de los que destaca su vida precaria, en la que hay que morir trabajando para alcanzar un mínimo de dignidad.
Pero sobretodo, su discurso se hace más pesimista en su mirada a la juventud, en la que no encuentra ningún resquicio de ilusión hacia el futuro. La pequeña y mísera delincuencia será la salida más sencilla de un sistema castrante.
Pero la sociedad establecida también tiene determinados sus mecanismos contra esta salida, y la represión policial, en forma de falsa educación, –o reeducación– solo servirán para avivar una rebeldía juvenil legitima ante la opresión del conservadurismo a ultranza.
Una preciosa metáfora, mediante una carrera de campo a través, será la línea conductora de esta crítica social, en la que amargamente se expone una desesperanza que solo podría desembocar en la rebelión.
La sombra de una duda
DIRECTOR: Hitchcock, Alfred
PAIS: USA
AÑO: 1943
DURACION: 108 min
INTERPRETES: Josph Cotten, Teresa Wright, McDonald Carey
Después de haber sido rechazado a menudo para proyectos de mayor envergadura, “La sombra de una duda” representa para Hitchcock la primera gran obra maestra en Hollywood. Por primera vez la productora cree en el proyecto del director inglés y pone a su servicio lo mejor en guionistas, actores de primera fila y medios técnicos en general.
Además de una profusión de exteriores inhabitual en sus películas, de una conseguida fotografía y de la impecable interpretación de un reparto de autentico lujo, el film, por una vez, se aleja del típico estilo Hitchcock, para adentrarse más directamente en consideraciones éticas y morales, reflexiones que habitualmente dejaba, hasta ahora, insinuadas bajo una intencionada superficialidad.
El argumento, a través de sus personajes principales, un encantador tío (Joseph Cotten) y su (¿platónicamente?) enamorada sobrina (Teresa Wright), juega con la dualidad en la personalidad de cada individuo; con las apariencias y la realidad. Pero sobretodo, con la fragilidad de ésta, para transformarse en algo inesperado bajo la cruda frialdad de las circunstancias.
El tío, un psicópata asesino del que se nos revela el lado “sombrío” de su carácter desde un principio, aparece ante su familia como una persona encantadora. Mientras su sobrina homónima, que representa la otra cara de una misma personalidad, dulce y equilibrada; al final, acabará siendo capaz de matar a su propio “alter ego”.
En pleno conflicto bélico, donde el “mal” se personalizaba sistemáticamente en el enemigo nazi, un enemigo lejano e impersonal, Hitchcock, se atreve a recordar a un anestesiado público norteamericano, que la perversidad y el delito se pueden encontrar en el lado oculto de cada uno de los espectadores.
Conflicto que nos traslada a la ancestral y mítica lucha abierta entre las luces y las sombras dentro de los propios sentimientos del ser humano.
La Strada
DIRECTOR: Fellini, Federico
PAIS: Italia
AÑO: 1954
DURACION: 94 min
INTERPRETES: Giulietta Masina, Anthony Quinn, Richard Basehart
Proveniente de las enseñanzas del neorrealismo, en esta primera etapa de retrato social, Fellini, siempre trata de huir del dramatismo exacerbado de sus predecesores, para centrarse en historias simplemente humanas, dentro de una estética que sí puede emparentar con sus maestros, más radicales.
En “La Strada”, elige a dos personajes marginales, Zampanó (Anthony Quinn) y Gelsomina (Giulietta Masina), que el azar unirá sus destinos, para definitivamente separar sus caminos imposibles.
Zampanó es un mísero “artista” circense que se gana la vida en la carretera, haciendo su patético número en las calles de la hambrienta Italia de posguerra. Al morir su compañera adopta como ayudante a Gelsomina, una muchacha que hoy denominaríamos “discapacitado psíquico límite”, que, como es habitual, rebosa inocencia y bondad. Enfrente un Zampanó, sin muchas más luces, pero brutal y primitivo.
El film, con este escenario, se convierte verdaderamente en una historia de amor imposible, más que en la denuncia social, que como fondo, se desenvuelven los personajes, (en uno de los mejores trabajos en la carrera de ambos protagonistas).
El amor dulce y abnegado de la enternecedora muchacha, choca una y otra vez con el amor orgulloso y egoísta de Zampanó, ciego y temeroso de sus propios sentimientos, aunque acabará finalmente tomando conciencia de su ya inevitable y amarga soledad.
Una lección espléndida sobre la incomunicación, el egoísmo, y finalmente el desamparo, frente a la bondad, la inocencia y el infinito corazón que posee la ¿disminuida? Gelsomina.
La tentacion vive arriba
DIRECTOR: Wilder, Billy
PAIS: USA
AÑO: 1955
DURACION: 104 min
INTERPRETES: Marilyn Monroe, Tom Ewell
Bajo la forma de una comedia de verano, barata e insustancial; apoyada básicamente en el espléndido oficio de guionista de Billy Wilder, “La tentación vive arriba”, aborda –como siempre en los filmes del vienés– los “pecados” del inmaculado modelo occidental en general, y el americano en particular.
Un ciudadano medio, envía a su familia de vacaciones, mientras él debe permanecer en su trabajo en la gran ciudad. La casualidad, unida a la recién descubierta libertad extramatrimonial, pondrán a nuestro protagonista en serios apuros con sus ¿sólidos? principios morales.
La repentina aparición del mito sexual por excelencia, Marilyn Monroe, –tratada aquí como una duda entre realidad y fantasía–, hará viajar a nuestro pequeño burgués de la materialidad, a los sueños; y al espectador, de lo evidente a la duda.
En la película, aunque como tal no sea de lo mejor de su filmografía, Wilder pone pues en evidencia los verdaderos instintos en la más reprimida e hipócrita sociedad conservadora y puritana del llamado mundo civilizado.