Muerte en Venecia

muerte-en-venecia.jpgDIRECTOR: Visconti, Luccino
PAIS: Italia
AÑO: 1971
DURACION: 127 min
INTERPRETES: Dirk Bogarde, Bjorn Andresen, Silvana Mangano

Estamos ante uno de los últimos trabajos de Luchino Visconti, y sus largos sesenta y pico años no pasarán desapercibidos en el significado del film. Muy lejos del neorrealismo y desde hace tiempo asentado en un cine rozando la grandilocuencia y el esteticismo un tanto gratuito, “Muerte en Venecia”, se basa en la obra homónima de Thomas Mann, con el que coincidiría en la despiadada crítica hacia una clase social decimonónica, acomodada y moribunda.

La historia nos relata la etapa final del músico Gustav Aschenbach (basado a su vez en la figura de Gustav Malher). Su música en Viena ya no gusta, su excesivo perfeccionismo es criticado por falta de emoción en sus composiciones. Postura que se irá revelando como una excusa, para ocultar sus verdaderos sentimientos.

Una súbita enfermedad le aconsejará un período de reposo en el Lido, junto a la siempre simbólica Venecia. En el balneario modernista, frecuentado por adinerados y ociosos clientes, conocerá a un muchacho adolescente de cuya belleza se enamorará platónicamente, dejando al descubierto una homosexualidad latente y oculta en su refinada y conservadora sociedad vienesa.

La descripción de la condición sexual del compositor, valdrá de pretexto a Visconti, para desplegar toda su panoplia estética, que nos introduce en el pesimista y dulzón ambiente romántico del siglo XIX, a través de una mimada fotografía, una dirección artística perfecta, y todo ello en el marco único de la increíble Venecia de siempre.

Pero Gustav, –como Thomas Mann en la realidad–, está envejeciendo y enfermo, y el muchacho, Tasio, parece que tenía no más de once años. En esta diferencia imposible, será donde Visconti se apoyará para desplegar su discurso amargo sobre la vejez y la muerte.

Un discurso que se puede extender también a una sociedad aristocrática agonizando a las puertas del nuevo siglo, y que constata en su estética amanerada y excesiva. Empalagosa como la vida de sus protagonistas.

Pero será desde el punto de vista del personaje humano, donde la dureza del relato se hace más patente. El cruel retrato de la vejez, frente a la impotencia de la juventud perdida, en la que ya no cabe ningún derecho a la esperanza, y en la que todo intento de eludir cualquier rastro de la inevitable decrepitud, resultará patético. La naturaleza acabará dando buena cuenta de los individuos, insignificantes en sí mismos, frente al paso del tiempo.

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