Pajaritos y pajarracos

pajaritos-y-pajarracos.jpgDIRECTOR: Pasolini, Pier Paolo
PAIS: Italia
AÑO: 1966
DURACION: 85 min
INTERPRETES: Totó, Davoli Ninetto, Danilo Donati

Definitivamente Pasolini abandona y reniega tanto de su adscripción al cine realista, como a su militancia comunista, para predicar su filosofía particular, ácrata, atea, pero sobretodo, ambigua y extravagante.

De una forma un tanto surrealista “Pajaritos y pajarracos”, hace un repaso en forma simbólica de la realidad italiana en la década de los sesenta. En una sociedad exprimida entre los discursos políticos y los sermones religiosos, el pueblo “humilde” recorrerá su camino echando de menos soluciones concretas y reales a sus problemas más materiales e inminentes.

El film, en forma de cuento pretendidamente divertido, emulando histrionismos trasnochados, cuenta el trayecto recorrido por un padre y su hijo, desde el pueblo a la ciudad, con el fin de, en el camino, cobrar un mísero arrendamiento a una pobre familia, y ya en la ciudad, pagar a su vez su deuda propia. De esta forma circular nos describe el director como de alguna forma todos pajaritos acaban convirtiéndose en pajarracos en algún momento para sus semejantes.

De paso, el director italiano aprovecha para contarnos una fábula (larga y tediosa) en la que las teorías de la iglesia quedan ridiculizadas, frente a la realidad de la naturaleza. La prédica absurda de cristianizar a halcones y gorriones (patronos y obreros), queda resuelta con el apetito del más poderoso.

No se salva tampoco la demagogia política, en voz de un metafórico cuervo, que encarna el idealismo comunista, teórico hasta el cansancio, acabará también presa de las necesidades más primarias de los protagonistas.

El escepticismo de Pasolini por las doctrinas teorizantes, trata aquí de plasmarlo a través de la comedia. El resultado debería ser una obra hilarante, en la que las penurias materiales del camino, el hambre, el cansancio, el sexo o las meras necesidades fisiológicas, nos hicieran reír de la absurda retórica, tanto de la iglesia como del marxismo. Lamentablemente el film resulta confuso, y lo que sería fundamental en una comedia, falto de toda gracia.

Pasolini, fuera de sus primeras y frescas películas cercanas al neorrealismo, a pesar de renegar del estilo en el que dio sus mejores obras, y del que mantendrá su estética cruda y terrenal, emprenderá una carrera personal e introvertida que le irá alejando paulatinamente del público “sencillo”, para ser ensalzado por los incondicionales teóricos (criticados aquí, por él mismo), a la torre de marfil de los banales mitos.

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